jueves, 1 de abril de 2010

Pablo Machado:



Entre flores, gauchos, campo y chamame


Pablo Machado:




Enrique Pablo Machado nació en Ceres el 18 de febrero de 1941, hijo de Victoria Primo y Enrique Machado, ambos descendientes de inmigrantes italianos y portugueses. Sin embargo, no serán las lejanas geografías que hacen referencia a su origen las que marquen su vida y la razón de su poesía. Pues don Pablo fue un hombre de “floreos gauchos, campo y chamame”, su alma estaba invadida por costumbre, música y paisajes de su región. En el norte santafesino, en su franja oeste, se esparcen pequeños poblados, parajes y ciudades en un amplio territorio que muestra un paisaje de monte de quebrachos blancos, chañar, moya y algarrobo. Donde el monte termina tienen lugar amplias llanuras de extensos pastizales interrumpido por aguadas, donde el calor agobiante domina, se destacan esteros anchos donde la yarará mora amenazante dando forma a una agreste geografía que hombres fuertes aprendieron a dominar.


Los lugares se identifican por topónimos que nos traen a la mente tan agrestes paisajes que se extiende a lo largo y ancho de estos territorios y se reconocen en las siguientes nomenclaturas: San Cristóbal, Arrufó, La Rubia, Huanqueros, Ceres, Campo Garay, Esteba Rams, Logroño y Tostado. Esta zona, en su gran mayoría están constituidos por espacios rurales que fueron divididos en amplias extensiones de tierras que convencionalmente llamamos “estancias”, así encontramos La Guazuncha, la Esmeralda, Maria del Carmen, El Peligro, La Martita, El Matrero, Don Elías, establecimientos de más de 2500 hectáreas, cada una de esas estancias eran verdaderos mundos, casi todas contaban con mas de 80 peones, se realizaban grandes yerras y carneadas, había cocineros que esperaban a los peones con el desayuno y el almuerzo, y dichos peones recorrían ese extensos campos cumpliendo sus obligaciones rurales en comunión profunda del hombre con su entorno, en ese que hacer cotidiano se despiertan sensaciones y emociones que configuran una cultura, razones intimas que conmovieron el alma de Pablo Machado y se transformaron en la razón de su poesía.

Su Vida

Enrique, padre de don Pablo Machado, era herrero y maquinista de la “Estancia la Guazuncha” ubicada a 40 kilómetros de la localidad de Ceres, vivían en una casa amplia tipo colonial como muchos caserones solitarios de la colonia santafesina, esta circunstancia determinó que la vida de Pablo este marcado por sus vivencias en el mundo rural, el permanente contacto con hombres provenientes del Chaco y Corrientes, con tareas rurales y con pensamiento mágico propio de las culturas del litoral y el chamame como genero musical que abarca ese conjunto de experiencia y las expresa. Su educación primaria se realizo en una escuela rural de otra estancia de la zona conocida con el nombre de la “Los Toldos”, donde desde muy pequeño generara el habito de lector empedernido que lo acompañara toda su vida y que con el conjunto de sus vivencias con el hombre de campo le permitirán llegar al mundo de la poesía.

Desde muy joven y debido a su capacidad de aprender y al dominio que mostraba de la “maquina de escribir” comenzó a desarrollar tareas en la estancia como “escribiente”, especie de secretario del encargado. Cuando cumple sus 21 años es llamado a cumplir Servicio Militar Obligatorio con destino en la Ciudad de Mercedes, donde conoce a Camba Castillo y los Miño. Poco a poco se ira definiendo su vocación por el chamame y su pulsión por expresarse a través de litoraleñas canciones.

Durante la década del 60 trabaja como segundo mayordomo de la legendaria “Estancia el Peligro”, su matrimonio con Matilde una maestra rural con la cual tienen dos hijos Gustavo –que tiempo más tarde continuara su oficio de escritor- y Selva Mariana Itatí. El hecho que Matilde sea maestra será determinante para la vocación autoral de Pablo, pues la escuela, por intermedio de su asociación cooperadora organizaba bailes y festivales que solían contar con la presencia de Mario Millán Medina, Don Tarrago Ros, Ricardo Zandomeni y Oscar Serra. También por ese entonces hará su debut en esos festivales el Conjunto Ivera de Juan Chazarreta.

De este periodo nace una entrañable amistad con don Mario Millán Medina con quien recuerdan charlas interminables, don Mario aparecía con visitas que prometían durar unas hora y se prolongaban por cuatro días, guitarreadas y mateadas eran testigos de charlas interminables, se intercambiaban anécdotas, componían canciones, caminaban el campo en busca de yerbas medicinales que tan íntimamente conocía Don Mario Millán Medina.

También conoce a Edgar Estigarribia que por ese entonces solía acompañar a Tarrago Ros en glosa y animación. Rápidamente establecen una relación de mutuo respeto; Pablo se sentía identificado con la obra de don Edgar pues los paisajes sur correntinos que tan magistralmente el Poeta del Guarán reflejo en su poesía guarda cierta similitud con esa franja del noroeste santafesino que tan bien vivencio don Pablo.

Este periodo de intercambio de experiencias y acercamiento a músicos chamameceros coincide con el comienzo de su labor autoral que rápidamente comienza a cosechar logros, pues por intermedio de Visconti Vallejos don Mario Del Transito Cocomarola graba “Blanca Rosa de Ayer” y posteriormente en su ultimo trabajo discográfico Mario Millán Medina incluye “Para Usted Gringo” un homenaje al inmigrante compuesto bajo el alero de la casa en una calida tarde santafesina.

En 1974 en la ultima de sus pocas presentaciones como interprete, es distinguido en el festival Paso del Salado de Santo Tome por su chamame “Viento Norte” poco tiempo después con la aparición del Conjunto Ivera se dedica de lleno a su trabajo autoral.

Floreos Gauchos y Chamame:
A Mediado de los 70, Pablo Machado tuvo un trabajo autoral centrado en la canción chamamecera, mas que en la composición de glosas o floreos gauchos que caracterizan al chamame maceta, que es como fue popularizada la obra de este autor santafesino. Dos cosas explican este cambio en el matiz autoral que caracteriza una nueva búsqueda hacia una nueva forma de composición y expresión en su obra. En primera instancia la muerte de Mario Millán Medina no solo fue un hito en la vida de Pablo en torno a lo emocional por perder un amigo entrañable, sino también por el hecho que quedo trunco un proyecto autoral que los dos explícitamente habían asumido basado en la canción como recurso de expresión que solo se llego a exponer el tema “Para Usted Gringo” y del cual quedaron innumerables obras compartidas de carácter inédito. Por otra parte el auge que tiene el estilo tarragocero o chamame maceta que de la mano de Edgar Estigarribia introdujo el arte del payador en el chamame haciendo del verso recitado o la glosa un elemento importante de su estética, sumado esto a la aparición de un conjunto tarragocero como era el “Ivera” de Juan Chazarreta (1974) en el ámbito local que demando de su capacidad autoral en la elaboración de recitados y/o glosas hicieron posible un giro autoral en lo que respecta a su producción y una dedicación mas orientada al floreo gaucho que a la canción.

Otro hecho importante fue la separación del Conjunto Ivera y la aparición del conjunto Ivoti a comienzos de los 80, por ese entonces Pablo Machado “era un letrista haciendo glosas”, que encontrará en el nuevo conjunto de creciente popularidad un espacio para exponer su obra dando una dimensión nacional gracias al éxito que Ivoti que indudablemente don Pablo el ayudo a sostener desde la faz autoral.

Lo cierto es que los primeros trabajos del Conjunto Ivoti cuentan con pocos temas de Pablo –podemos destacar “Recordándote Amalio Vallejos” un homenaje al primer acordeonista de Ivoti fallecido poco antes que el conjunto grabe su primer material discográfico-, esta participación marginal se debió en gran parte por cuestiones de gusto musical y afinidad personal de Pablo Machado con el entonces director del Conjunto Ivera don Juan Chazarreta, es así que él siguió apostando al “Conjunto Ivera” para exponer su trabajo autoral.

El ímpetu de Juan Carlos Mansilla -director de Ivoti- hizo que Pablo se pusiera a trabajar en forma mas intensa con el conjunto que desde “Chamameceando Recuerdos” grabado en 1984 hasta su muerte en 1996 tendrá como etiqueta de identificación el sello de la obra de Pablo Machado en casi todos los materiales discográficos. De este periodo se destacan inolvidables éxitos como “del campo me despedí”, “vieja matera de estancia”, “como aquellos tiempos”, “mi corralera florida”, “viejo sombrero ala 10”, “sentimiento provinciano”, “pa´l hachero santiagueño”, “mi canto agradecido”, “muchacha campesina”, “Espuela rodaja de ocho”, “mi tapera vieja”. Todos sus poemas volarán, se perderán en el viento vertiginoso del éxito del Conjunto Ivoti y llegaran hasta el corazón del pueblo chamamecero, que los hizo suya repitiendo en noches guitarreras sus canciones y versos que nacieron en su corazón chamamecero.

Si bien el éxito del Conjunto Ivoti se sostuvo sobre su obra durante mucho tiempo, -algo que los propios integrantes de Ivoti se encargaban de reconocer cuando el conjunto cosecho aplausos, discos de oro y del platino-. Don Pablo Machado nunca se sintió parte de ese éxito, al ser un hombre taciturno, nunca desarrollo los motivos que sostenían este pensamiento, solo se puede pensar que el creía que su trabajo no era tan importante como nosotros lo juzgamos, o tal vez el nunca pretendió encasillarse en lo que hizo con el Conjunto Ivoti, pues creía que el chamame en toda su magnitud, con todos su estilos y todos los interpretes eran el espacio en el cual su obra debía desarrollarse y florecer. Tal vez por eso soñaba que alguna vez el Paí Julián Zini o Imaguare grabara algunas de sus canciones.

Cuando su sueño se estaba haciendo realidad y sus canciones y glosas volaban de ranchada en ranchada, de noche festivalera hacia una pequeña peña o fogón guitarrero, cuando diversos interpretes encontraban en su obra cosas que se identificaban con su arte, cuando sus temas los hacia sonar desde Blas Martínez Riera hasta Monchito Merlo, Ernesto Juanovich, Néstor Maldonado, Gustavo Albornoz, Marquitos Coria, Miguel Figueroa, Rubén Rodríguez y Mario Ofelia; el destino lo sorprende en una madrugada mendocina cuando volvía del casamiento de su hijo Gustavo, donde un caballo oscuro se confundió con la inmensidad de la noche y se interpone entre su vehículo y su destino provocando un accidente que pone fin a su vida el 7 de abril de 1996. Queda atrás el verso escrito y publicado, versos no escritos y soñados, versos escritos que nunca vieron, la canción justa y agradecida a una madre, el llanto por una rosa marchita, espuelas y rojadas de una juventud bravía, la despedida del campo a la cual dedico su vida, retazos de un alma que se hizo poesía y se perdió en el corazón del pueblo chamamecero.

Javier Gastón Gómez Maidana.
Fuente: Testimonio de su hijo el escritor Gustavo Machado.

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